Ocio para peques

Una guía para padres inquietos

¿Te gustaría que tu hijo no supiera dejarte una nota escrita a mano? 

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Hace unos días leí una noticia, que como escritora y amante de las letras, me conmocionó. Decía lo siguiente:

“El sistema educativo finlandés ha decidido sustituir el aprendizaje de la escritura a mano caligráfica –no así la de imprenta– por clases de mecanografía en el teclado QWERTY a partir del curso 2016/2017. Una decisión que probablemente empezará a ser replicada en el resto del mundo, gracias a la buenísima reputación de la que goza el país escandinavo debido a sus resultados en los exámenes PISA. 

No es la única medida que atenta con poner fin a los cuadernos Rubio. En Estados Unidos, los estándares de Núcleo Común (o Common Core standards), que han sido adaptados en gran parte del país, sólo exigen a los alumnos la legibilidad de sus textos hasta el Primer Grado, a los siete años. Desde ese curso, los esfuerzos docentes se centran en que los estudiantes tecleen lo más rápido posible, como ocurrirá en Finlandia. “Las habilidades de escritura rápida son una importante competencia nacional”, ha manifestado Minna Harmanen, del Consejo Nacional de Educación, que desarrolla el plan de estudios.” (El Confidencial – 2 de diciembre de 2014).

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Cuando terminé de leer el artículo, empecé recordar las cartas que me escribió a mano mi primer novio, las postales que les enviaba a mis padres cuando me iba de viaje con mis amigas, los apuntes que cogía y prestaba en la universidad, los miles de formularios en papel que he rellenado a lo largo de mi vida, las letras blancas sobre negro que escribía cuando en el colegio me sacaban a la pizarra y cómo nuestra forma de escribir en cada momento refleja cómo nos sentimos.

La manera en la que escribimos a mano una simple “a” o un “5” forma parte de nosotros mismos, es una manera de expresarnos, de mostrar a los demás cómo somos y lo que  sentimos.

Desde que leí la noticia sobre la eliminación de la escritura a mano he pensado en muchas cosas, como ¿Qué haría yo en un mundo sin cuadernos ni bolis? ¿Cómo me acostumbraría a que me dejen una nota escrita siempre con un ordenador? ¿Nunca más recibiré una postal con un paisaje y unas palabras escritas a mano? 

Yo no soy una máquina y cuando escribo a mano mis letras cambian. Si es un día de los que tengo una tormenta en la cabeza, con rayos truenos y centellas, mis letras son gigantes, amorfas, se mezclan las mayúsculas y las minúsculas y sólo caben tres líneas en cada página. Si luce un universo blanco y florido dentro de mí, mis letras son redondas, uniformes, casi perfectas, y hay muchas líneas apretadas y armónicas en cada página. Y si al cabo del tiempo, retomo lo que escribí hace un año, o dos o veinte y lo leo, sé perfectamente, por mi forma de escribir, cómo me sentía en el momento en el que plasmé las letras sobre el papel.

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Sí es cierto que cuando veo a cualquier niño manejar un ordenador, un móvil o cualquier aparato electrónico, me siento cómo una ignorante tecnológica a la vez que bastante patosa, pero ¿Es bueno que los niños dejen de escribir a mano y escriban todo con un teclado? Desde luego no es lo mismo. Es evidente que escribir a mano es algo más complicado que apretar unas teclas. Escribir a mano, exige un esfuerzo importante para pensar lo que se va a escribir, escribir cada letra, formar palabas y frases y que todo tenga un sentido. Escribir a mano influye también en la lectura. Leer y escribir están íntimamente ligados. Escribir a máquina es seguramente menos exigente, aprietas una tecla y aparece una letra, aprietas unas cuentas y escribes una palabra y con las palabras vas formando frases, pero ¿Dónde queda el pensar en escribir, el pensar qué forma tiene cada letra, el reflexionar sobre el sentido que le puedo dar a cada frase sabiendo que no puedo borrar lo escrito?

En relación a todo lo anterior, también leí una noticia que me parece fantástica:

En el colegio público Padre Coloma de Madrid no hay libros de texto. O, mejor dicho, los elaboran a mano los propios alumnos en sus cuadernos. Además de suponer un ahorro, ello obedece a la importancia que el centro da a la caligrafía. «Aprender a escribir no solo implica aprender las letras y los números, sino también habilidades como el control motor, la memoria y la capacidad de procesar pensamientos coherentes en un orden lógico», opina la directora, Carmen Pascual. “El Confidencial – 2 de diciembre de 2014).

Es una iniciativa muy interesante e innovadora. Imagino que escribir un libro de texto de literatura o de matemáticas debe suponer un gran esfuerzo intelectual y un excelente aprendizaje a la hora de escribir.

Considero que la tecnología es importante, pero también me parece fundamental no perder una parte de nosotros mismos a través de nuestras letras escritas a mano. No quiero vivir en un mundo donde nunca más recibiré una nota escrita a mano, donde la lista de la compra no la podré hacer en un papel cuadrado y amarillo, donde no haya cuadernos con hojas de colores ni bolis, donde nadie me escriba una carta de su puño y letra. 

Artículo de nuestra colaboradora 

ARANTXA

   Aránzazu Alvaro, 

   escritora 

 

 https://www.linkedin.com/in/aranzazualvaro

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